La profecía autocumplida en la ansiedad social: cuando acabamos creando aquello que tememos

Muchas veces creemos que algo es verdad, tengamos pruebas o no. Y cuando esa creencia tiene tanta fuerza en uno mismo, se actua como si aquello que pensaramos fuera cierto. A esto se le llama profecía autocumplida: una creencia que guía nuestra conducta hasta provocar resultados que parecen confirmar esa misma creencia.
En la ansiedad social ocurre con mucha frecuencia.
Una persona puede sentirse rechazada por los demás. Puede estar convencida de que no encaja, de que nadie quiere hablar con ella o de que acabará siendo juzgada y comienza a actuar como si ya fuera una realidad: se muestra distante, habla menos, evita iniciar conversaciones y mantiene cierta desconfianza o tensión. Como consecuencia, algunas personas pueden interpretar esa distancia como falta de interés, otras simplemente se mantendrán alejadas. Y cuando esto ocurre, la persona con ansiedad social siente que sus pensamientos se han visto confirmados:
"Tenia razón. Nadie quiere saber de mí."
Sin darse cuenta, ha contribuido involuntariamente a crear la situación que temía.
El filósofo John Locke decía que muchas personas llegan a conclusiones erróneas no porque razonen mal, sino porque parten de premisas equivocadas.
En la ansiedad social ocurre algo parecido. Partimos de una idea:
"Los demás me van a rechazar." Y desde esa premisa interpretamos nuestras experiencias. Cada situación incómoda parece una prueba más y con el tiempo, una simple duda puede transformarse en una realidad.
Y no hace falta que hayas vivido una experiencia traumática o especialmente impactante para que se hayan originado estas creencias. A veces basta con una experiencia que para ti ha sido dolorosa o vergonzosa, que construya una determinada visión de ti mismos y de los demás.
¿Y si pusiéramos a prueba nuestras creencias?
La buena noticia es que las creencias se construyen.
Cuando nos acercamos a los demás, cuando hacemos un pequeño comentario, cuando mostramos una actitud más receptiva, muchas veces descubrimos que la realidad es más amable de lo que imaginábamos.
Seguro que alguna vez te ha ocurrido.
Un día te has sentido más tranquilo, has sonreído más y has hablado con mayor naturalidad. Y de repente parece que la gente te trata de otra manera.
Tal vez no no haya cambiado el mundo.
Tal vez quien ha cambiado has sido tú.
Creer algo diferente
Si nuestras creencias pueden influir tanto en nuestra forma de actuar, quizás sea hora de poner a prueba nuestros pensamientos.
En lugar de preguntarnos: "¿Y si me rechazan?"
Podemos probar con otra pregunta: "¿Y si fuera una persona que merece cariño, atención y conexión?"
No se trata de engañarnos ni de repetir frases positivas sin sentido.
De actuar durante unos minutos como actuaría la persona que nos gustaría ser.
Un ejercicio para cada mañana
Puedes programar una notificación en tu calendario o en el móvil para recordar este ejercicio cada día.
Hazte una sola pregunta:
¿Qué pequeña acción haría hoy si no tuviera miedo al rechazo?
Anota todas las respuestas que se te ocurran en las notas del móvil.
Después elige la más sencilla, la más pequeña y la más fácil de realizar.
Puede ser:
Saludar a alguien.
Sonreír al entrar en un lugar.
Hacer un comentario durante una conversación.
Mantener el contacto visual unos segundos más.
Y simplemente ponla a prueba.
Trabajar la ansiedad social no consiste en cambiar drásticamente tu forma de ser.
Consiste en realizar pequeños experimentos que cuestionen nuestras certezas.
Poco a poco podemos descubrir que nuestra realidad, no es la absoluta verdad, sino interpretaciones que habíamos dado por válidas.
Al final, la salud psicológica tiene mucho que ver con la flexibilidad.
Un comportamiento sano no es uno rígido, sino una forma de comportarse que se adapta a cada situación, que prueba cosas nuevas y aprende de la experiencia.
Porque cuando dejamos de actuar como si el rechazo fuera inevitable, nos damos a nosotros mismos muchas oportunidades que ayudan a que un pequeño cambio, sea el comienzo de una realidad completamente nueva.
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